UN DÍA ANTES DEL GRAN FESTEJO…

A unas cuantas horas del gran acontecimiento que he esperado por años, no sé cómo expresar mi emoción y mi alegría. Quisiera recordar el momento exacto en el que algo dentro de mí me inspiró a estar aquí hoy, a estar ahí mañana. El Zócalo de la Ciudad de México ha sido siempre una especie de lugar sagrado y mágico, el magno evento de mañana se festeja UNA VEZ cada cien años. No es fortuito estar ahí, y no es sólo el cumplimiento de un sueño. Es la mano del destino, es la voluntad de Dios.

Como dije anteriormente, me gustaría saber cómo llegó a mi mente y a mi corazón ese deseo de festejar nuestro Bicentenario. A veces estoy tan segura de haberlo esperado por años, muchos, muchos años. Cuando me invade la idea de la reencarnación, siento que viví hace cien años, y que de alguna manera fui parte de esa lucha. En dos ocasiones lo he soñado muy claramente y soy una persona que cree mucho en sus sueños, en sus deseos, en las cosas que le inspira su corazón, en los ardientes pensamientos que taladran mi mente, en las voces íntimas que me empujan a lanzarme a lo desconocido, como la determinante voz de don Miguel Hidalgo aquél 16 de septiembre de 2010.  Algo dentro de mí me dijo siempre que debía estar aquí, vestida con un traje regional. Aún no se ha cumplido la misión, pero faltan unas cuantas horas, y con la ayuda de Dios así será. Dentro de mí surgieron esas voces también, ese enorme deseo de regresar a Guanajuato, de conocer el pueblo de Dolores para de alguna manera completar el círculo. Lo cierto es que el círculo no estará completo hasta que conozca Morelia y otros lugares importantes en los que se sucedieron los acontecimientos de la lucha por nuestra Independencia, pero creo haber avanzado bastante. Con tristeza miro hacia atrás y veo la forma tan terrible en la que se nos enseña la historia. Ya lo dije antes, pero quiero repetirlo…¡Por Dios! ¿Por qué no se nos enseña a amar a nuestro país? En la escuela la Historia es simple, monótona y aburrida, no se nos enseña a admirar a nuestros Héroes ni a seguir su ejemplo. Para pasar la materia sólo es necesario aprendernos nombres y fechas. Es terrible. Y sobre todo, triste.

Porque no hay nada más hermoso que recorrer tu país y conocerlo, y amarlo, y aprender de Él, y descubrir su Historia con tus propios ojos y oídos y darte cuenta de que los maestros cumplieron en transmitir la historia oficial y los libros de texto si acaso te acercaron un poco a los datos que nunca supiste si eran exactos, pero los memorizaste. No hay más libertad que esta, de darme cuenta de que no sólo soy mexicana por nacimiento o porque un papel o la misma Constitución lo digan, sino que lo soy por elección, y sobre todo, por amor.

Hoy festejo en el corazón de México como una hija amorosa, esa grandeza, esa belleza de mi país, del que formo parte, y que forma parte de mí. Ese país al que amo y del que me siento orgullosa. Y no porque me lo diga el gobierno ni la televisión, sino porque ya lo conozco, y lo amo, y me duelen las cosas negativas por las que pasan, pero que no son motivo para darle la espalda a todo lo bueno que nos ha dado, a todo lo maravilloso que gracias a Él disfrutamos.

Estoy profundamente agradecida y conmovida por esta oportunidad sin igual, que no volverá a repetirse. Y no festejaré dos días. Festejaré ser mexicana hasta el último día de mi vida. A veces me pregunto ¿Cómo puede caber todo México en mi corazón?

MÉXICO: Soy inmensamente feliz por ser parte de TU Historia. ¡GRACIAS POR TODO! No puedo sino retribuirte con todo mi ser, con toda mi alegría, con todo mi corazón…

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Un brindis por…¡MÉXICO!

 

¿Será lo más fácil: cerrar el capítulo de un año lleno de heridas, el de una década completa en el que un futuro alentador para el país no se encuentra por ninguna parte? Cerrar esos capítulos, dejarlos en el olvido y empezar de nuevo, ¡Sí! Siempre se nos da la oportunidad de empezar de nuevo, no importa lo pasado, hay que dejarlo atrás…

Lamentablemente, no es así, porque el pasado deja huellas y cicatrices, porque para algunos es una carga que tienen que seguir llevando sobre la espalda y porque nos guste o no es sobre el pasado sobre lo que construimos y edificamos el futuro. El pasado se prolonga hacia el futuro indefinidamente porque nuestros actos y nuestras decisiones pasadas influyen definitivamente en todo lo que nos suceda en el futuro.

Pero ¿qué sucede cuando miras la situación del país al que amas tanto y preguntas: “Dios, no he hecho nada para que se encuentre en tan malas condiciones”? ¡Mi país no merece esto! Lo cierto es que la última noche del año es una noche en cierta forma desalentadora porque me doy cuenta de que yo no he hecho nada más que amar a México y no ha servido de nada, lo noto cada vez más herido, más enfermo, más afectado por la maldad y la ambición de seres sin alma que han tomado el control y de cuyas decisiones dependen incluso nuestras vidas.

Es muy triste y muy difícil reconocerlo, pero lo cierto es que hemos llegado a un punto tan trágico en el que nuestras vidas, nuestros sueños y nuestro planes futuros ya no dependen de nosotros, sino de esas organizaciones delictivas que continúan reproduciéndose en el país de forma alarmante, año tras año. Parece no haber esperanza de que algún día algo o alguien logren erradicarlas, por el contrario, parecería que seguirán multiplicándose porque el mismo mexicano común y ordinario propicia esa multiplicación mediante la corrupción y la mediocridad.

Es tan lamentable salir a la calle con miedo, sentirse vigilado, propenso a que en cualquier día, a cualquier hora y en cualquier lugar te cruces en el camino de estos criminales y que por el mínimo motivo terminen con tu vida nada más porque pueden, porque han obtenido ese poder a base de tanto terror sembrado, porque el miedo es otro factor que les ayuda a seguirse propagando a lo largo de todo el territorio mexicano, porque nadie puede hablar ni hacer nada en su contra, quien lo haga estará inevitablemente sentenciado. Vivir de esta forma, en esta era del terror no es fácil, es incomprensible, sobre todo para quienes conocimos la paz y la tranquilidad en aquéllos tiempos en lo que no te daba miedo salir a la calle y en los que podías dormir en casa sin la preocupación de que alguien entrara a ella a robarte y a matarte.

Hace algunos meses escribí “Todo aquello por lo que vale la pena vivir se ensombrece cuando sentimos la maldad cercándonos sin poder hacer nada por evitarlo”, y lo cierto es que no puedo evitar sentirme así: ensombrecida, decaída, pesimista respecto al futuro de mi país porque baso esos sentimientos en lo que escucho y en lo que veo. ¿Cómo es posible que hayamos caído tan bajo que la felicidad de tener una familia se vea truncada cuando estos maleantes sin la menor consideración y sin ningún motivo matan a cualquier miembro de ella? Para estos sujetos no existen los niños, ni los ancianos, ni las madres, ni la Navidad…todo eso carece de sentido y de significado en sus vidas porque destruyen a todos por igual, en cualquier época del año. ¿Cómo podría importarles la Navidad si no creen en Dios? Sus únicos dioses son el dinero y el poder y por ellos son capaces de cualquier cosa. A nosotros nos parece difícil de creer que sean insensibles pero por supuesto lo son, alguien que ejerce la violencia de forma cruel y sanguinaria sobre cualquier ser indefenso no es capaz de sentir nada, es menos aún que un animal, porque los animales sienten y sufren aunque no tengan alma. Los criminales de hoy no solamente carecen de alma sino también de corazón, no son más que bestias, máquinas de destrucción programadas para aniquilar. ¿Cómo podríamos enfrentarnos a esto, está más allá de nuestras fuerzas, de nuestro control? Estamos completamente a su merced, dependemos de lo que ellos quieran hacer con nosotros y esa terrible situación es lo que realmente preocupa y deprime. Antes bien se decía que nuestro futuro y nuestro destino dependían de la voluntad de Dios y de nosotros, de nuestras propias decisiones. Ahora ya no es así del todo: también dependen de ellos, de estos seres malignos que se encuentran dispersados por todo el país, escondidos entre las sombras, armados y poderosos, crueles y despiadados. Sinceramente no es fácil empezar un año estando consciente de esto. Y de nada sirve tampoco en este momento ponerse a analizar las causas de esta situación, tantas veces ya mencionadas, tampoco es necesario enumerar las razones por las que no es fácil su erradicación. A fin de cuentas, esas causas y esas razones son las mismas y están totalmente a la vista. Lo único que no está a la vista son las soluciones.

Lo que sí es absolutamente válido en este momento, ¿y por qué no? es que a menos de una hora de que el año termine la gente olvide y festeje (siento decirlo de esta forma porque sé que las personas que perdieron seres queridos a manos de la delincuencia no olvidarán, ni festejarán) y su corazón rebose en buenos deseos, aunque sean solamente eso: deseos. Es válido porque cada quien enfrenta las situaciones de formas diferentes, para algunos son mecanismos de defensa. Otros viven tan alejados de la realidad que realmente no les importa o no les afecta, otros puede que tengan tragedias personales peores que les impidan ponerse a pensar en la situación del país (probablemente tampoco tendrán nada que festejar). A todos esos criminales supongo que les da lo mismo que empiece un año y que termine otro, tampoco creo que eso les cambie en algo la vida.

En lo personal, he entendido por fin que nunca saldré de mi infierno interior, pero eso no me impide sentir un dolor profundo por la situación de mi país y una impotencia terrible al no poder hacer nada. Es como ver el árbol de la vida devorado por termitas, talado por demonios, mirar cómo sus raíces se pudren…sentir el temor de que caiga sobre nosotros en cualquier momento o nosotros con él, quedándonos sin raíces también. Es de una esterilidad inútil pensar en todos esos parásitos que se alimentan de esta tierra y se dicen mexicanos pero no aman a México: los desprecio más que nunca porque se comen las sobras de lo que otros van destazando a su paso, no son más que antropófagos, carroñeros, antropófagos, hematófagos que se alimentan con la sangre de sus hermanos. ¿Cuándo veremos, como mexicanos, un país libre de todos esos seres malignos?

Y sin embargo, pese a todo, sigo esperando el dos mil diez porque está más cerca que nunca, y porque será un año histórico que he esperado pacientemente por mucho tiempo. Y porque contrariamente a los que dicen que “no tenemos nada que festejar” pienso que tenemos mucho que festejar (reto a los que me contradicen a que lean un poco de Historia de México, a que visiten sus museos, sus zonas arqueológicas y se adentren en lo que México realmente es y no lo que les enseñan en la escuela y en la televisión), aunque después de analizar todo lo que he escrito esta noche me doy cuenta de que es la primera vez que menciono a todas las personas que esta noche realmente no tienen un solo motivo para festejar y que también es la primera vez que decido festejar de una forma tan significativa a mi esperanza, esa esperanza que vive en mi como la única luz que no me ha permitido perderme cuando me siento en la más completa obscuridad, esa esperanza que me sostiene y que es definitivamente, lo último que muere, lo único que queda cuando te han quitado todo. Y en este caso no hablo por mí, que en realidad lo único que me han quitado hasta ahora aparte de la tranquilidad y la confianza es mi fe en la humanidad. Aunque sé que no la necesito, mientras tenga esa fe y esa confianza puestas en Dios no perderé tampoco esa esperanza. A Él es al único al que podemos acudir, implorar, suplicar por el futuro de este país que nos ha dado todo. ¡Sólo el poder de Dios es más fuerte que la maldad, sólo en sus manos y en su voluntad confío el destino de mi México amado!

¡Hoy, en ésta última noche del año brindo por ti, mi México querido, tan enfermo y tan solo, tan maltrecho y herido, porque este nuevo año te traiga alivio y consuelo; y el amor y el agradecimiento de aquéllos hijos que te han olvidado y a los que sin embargo sigues prodigando con devoción tu protección y tu cariño de Patria fecunda y amorosa!

 

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CINEMATOGRAFÍA MEXICANA PARA EL DÍA DE MUERTOS

En el marco de estas fechas tan significativas para los mexicanos, he expresado mi sentir una y mil veces en contra de un festejo tan gringo y demoníaco como lo es el “jalogüín”. Por supuesto NO acostumbro ver películas gringas que fomentan el gusto por esta grotesca y sanguinaria celebración que nada tiene que ver con nuestras raíces y nuestra cultura. Me precio de valorar en  su justa medida las producciones nacionales de calidad que tratan el tema de los muertos, espíritus y fantasmas de una forma digna de nuestra mexicanidad, con creatividad y en algunos casos cierto humor negro. Si bien es verdad que el tema no es recurrente en la historia de nuestro cine y fueron pocos los directores que se atrevieron a abordarlo con seriedad y buenos resultados, también es cierto que no necesitamos pasarnos estos días frente a la televisión viendo asesinos seriales gringos que no mueren con nada y que por supuesto están protegidos por poderes satánicos. El tema de la muerte para ellos es tan diferente a nuestra propia concepción de la misma que podríamos sentarnos un rato a observar y ¿por qué no? a analizar estas producciones de manufactura nacional que si bien tal vez no nos aterroricen por lo menos nos mantendrán un buen rato en suspenso y nos harán saber que en México se pueden hacer películas de estos temas sin necesidad de recurrir a la violencia extrema de la los gringos hacen alarde porque por supuesto es su especialidad.

 

PEDRO PÁRAMO

Si bien es cierto que antes de ver la película es recomendable leer el libro, también es necesario tomar en cuenta que el libro fue escrito con un guión cinematográfico que en ocasiones resulta difícil entender. La historia se desarrolla en Comala, un pueblito polvoriento y olvidado, ideal para la proliferación de fantasmas. La mayoría de los personajes son complejos y profundos, especialmente y por supuesto, el de Pedro Páramo. Lo interesante de la historia es que conforme avanza la trama nos vamos dando cuenta de que Comala no es un pueblo fantasma, sino un pueblo habitado por fantasmas, en el que todos cohabitan naturalmente y en el que la mayoría se topa con este hijo de Pedro Páramo que lo anda buscando, todos hablan con él y él no se da cuenta de que se la ha pasado hablando con fantasmas. Interesante la personalidad de Pedro Páramo, mujeriego irremediable pero obsesivamente enamorado de Susana, atormentado hasta el final por su recuerdo, por el dolor de ese amor no correspondido a pesar de haber sido amado por tantas mujeres.  “¡Todos somos hijos de Pedro Páramo!” es una de las frases más célebres del cine mexicano.

 

 

MACARIO

Esta película está basada en una obra clásica que irónicamente, ni siquiera fue escrita por un mexicano. En lo personal el guión siempre me ha parecido de lo más original. Un historia en la que el personaje principal es la muerte, secundada por Dios y por el diablo y por supuesto en la que la ignorancia de Macario juega un papel central. Porque es cierto, Macario era un buen hombre, sencillo y sin más ambiciones que comerse un pavo entero él solo, pero era muy ignorante, y la ignorancia y el poder son una pésima combinación, por eso cuando tuvo el poder de curar y se enriqueció con él encontró su perdición y su desgracia. De antología son las escenas en la que Macario mueve una y otra vez la cama del hijo del virrey para evitar que la muerte se lo lleve, así como aquélla en la que corre desesperado sosteniendo entre sus manos la vela de su vida que se extingue. Las grutas de Cacahuamilpa, impresionantes. El final, bien pensado, lleno de una lógica bastante estructurada: Macario muere de una congestión después de haberse terminado solamente la mitad del pavo, y a uno como espectador le toda concluir si lo demás fue parte de un sueño o sucedió en una realidad paralela. Lo único cierto, inevitable, es el encuentro con la muerte; sin duda una película bien elaborada que te hace pensar si cuando llegue ese momento habrá de pasarte por la mente si toda tu vida no fue más que un sueño, del que la muerte te hará despertar.

 

 

EL ESCAPULARIO

Otra película muy bien elaborada en la que los elementos sobrenaturales se mezclan de una manera notable con el amor y con la fe. Es la historia de cuatro hermanos, una madre y un escapulario que juega un papel crucial en sus vidas –y en las muertes- de dos de ellos. Me parece también un guión inteligente y con una dosis interesante de suspenso, en la que los muertos hablan con los vivos, y a veces se confunden entre ellos.

 

 

LOS CUERVOS ESTÁN DE LUTO

Esta película tiene la genialidad de un humor negro claramente mexicano, delirante. Tres hermanos y una esposa fantasma esperan con cierta ansiedad la muerte del padre de la familia. Los acontecimientos que se suceden en torno a este hecho, aderezado por la presencia de los vecinos entrometidos y las ambiciones personales de cada hijo, dan como resultado este gran acierto de la cinematografía mexicana, cuyo final es perturbador y cómico a la vez. Excelente película.

 

 

HASTA EL VIENTO TIENE MIEDO

Por supuesto me refiero a la versión ORIGINAL, a la protagonizada por esas verdaderas actrices que fueron Maricruz Olivier y Marga López. Sinceramente, la primera vez que la vi sí me provocó cierto temor porque tiene una trama intrigante en la que no dejas de preguntarte qué es lo que va a suceder. Me parece también una película bien lograda, con un guión bien escrito y consistente, y con un final que va de acuerdo con lo que se propone desde el principio de la trama, sin dejar a un lado por supuesto las magníficas actuaciones de Maricruz y de Marga. Aún no logro entender a quién se le ocurrió hace pocos años hacer el refrito de esta historia cambiándole más de la mitad del argumento original y convirtiéndola en un verdadero producto de pena ajena, sobre todo si se la compara con la original.

 

 

EL LIBRO DE PIEDRA

A esta película también le hicieron un refrito hace algunos meses pero de ese sí no puedo hablar porque no tuve el disgusto de verlo (bastante tiempo perdí viendo el de “Hasta el viento…”). La versión de la que hablo es la protagonizada también por Marga López y Enrique Lizalde. En ella hay una niñita obsesionada con la amistad que hizo con un niño de piedra. Nadie le cree que la estatua hable y cobre vida, hasta que…No puedo negar que la primera vez que la vi (siendo una niña), el final me impactó.

 

 

EL ESQUELETO DE LA SEÑORA MORALES

Esta película es una obra magistral del humor negro mexicano. Es irreverente y en ocasiones perversa pero el ingenio con la que fue escrita te permite reír e incluso colocarte del lado del asesino –quien en realidad es la víctima- y al final, su propia víctima. Argumentos como éste reivindican a los creadores mexicanos y los reconcilian con el género. Ésta película es una muestra de todo lo que podría lograrse si los guionistas mexicanos se dedicaran más a la creación y no a la simple reproducción. Difícil tarea en esta era del copy & paste.

 

Cualquiera que tenga la oportunidad de ver estas películas se dará cuenta de que los cineastas mexicanos no tienen necesidad de recurrir a entidades monstruosas tales como demonios, poseídos, vampiros, brujas, momias, hombres lobos y demás para retratar los defectos y debilidades del ser humano. A diferencia de las películas gringas, en las películas mexicanas la fealdad del individuo se encuentra dentro y no fuera de él (como sucede en la vida real) y simplemente por eso deberían dar más miedo que cualquier maquillaje o disfraz. Pero como en todo, la gente se deja llevar por las apariencias, y en este mismo momento debe de haber miles de mexicanos sentados frente a la televisión viendo esas atrocidades gringas que en lo personal no me dan miedo, sino repulsión.

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HASTA LOS HUESOS



Excelente cortometraje mexicano acerca de la muerte, fabulosa interpretación de “La Llorona” a cargo de Eugenia León. La boa Quetzatlcóatl magnífica como siempre, la calaverita bebé me mata de ternura…

 



 

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RECORDANDO A LOS NIÑOS HÉROES

Un año más que se cumple de aquélla horrenda invasión, de esa terrible profanación a la Patria. Un año más de aquéllos crímenes cometidos en contra de los jóvenes cadetes cuyo sacrificio parece haber sido cada día más vano, porque el injusto hecho de que quienes están al frente del poder (llámese gobierno) tengan precisamente la facultad de cambiar la historia y se tomen cínicamente ese derecho, han logrado cubrir con el polvo del olvido los fatídicos hechos acontecidos en el hoy histórico y emblemático Castillo de Chapultepec.Aún recuerdo aquéllos años en los que el día trece de septiembre eran día festivo. No asistíamos a clases, pero un día o unos días antes estudiábamos el suceso (¿cómo olvidar esos homenajes en los que, después de nombrar a cada uno de los Niños Héroes, el público oyente respondía: “¡Murió por la Patria!”). Sus imágenes, con el Castillo de Chapultepec de fondo aparecían entonces en los billetes de cinco mil pesos, y todos nos creíamos el mito de que Juan Escutia se había envuelto en la Bandera Mexicana y se había arrojado con ella hacia las faldas del cerro, para impedir que cayera en manos enemigas. Recuerdo perfectamente, por supuesto, la emoción que ese relato provocaba en mí. Al igual que muchos otros, admiraba a Juan Escutia más que a los otros por su valentía y aguerrido acto heroico. Me imaginé muchas veces la escena, llena de dramatismo. Cuando por fin pude ver el cuadro pintado dentro del Castillo me impresionó de verdad, sobre todo porque se encuentra en el techo del mismo, cayendo precisamente hacia el vacío, envuelto en la bandera.He escuchado decir en varias ocasiones: “¡No fueron héroes!” y “¡Ni siquiera eran niños”! ¡Cuántas veces quise callar esas necedades, pero entonces no tenía argumentos sólidos, sólo el amor por mi Patria…sólo la admiración que sentía por Juan Escutia!Hoy, después de tantos años, recordando lo que antes significaba este día me pregunto ¿en qué momento las lacras que siempre han manejado el país decidieron simplemente borrarlos de los libros de Historia? ¿El vil acto forma parte del servilismo hacia el maléfico imperio, de la indigna sumisión que les debemos a los gringos? ¿Acaso fue una condición impuesta por el país más poderoso y a la vez más podrido del mundo?Si, eso fue, y fue más que eso, una especie de pacto con el diablo. Sólo que esta vez no se le vendió gran parte del territorio: se les vendió una de las partes más dolorosas de la historia, en la que ellos por supuesto son los verdugos y en la que una vez más nuestro pobre país resultó herido, lesionado, mutilado por su infame sed de poder.Los Niños Héroes fueron, en primer lugar, héroes, porque aun conociendo la enorme desventaja en la que se encontraban, decidieron enfrentar al poderoso enemigo. Fueron héroes porque dieron sus vidas por la Patria, porque murieron defendiendo la soberanía de nuestro país y la gloria que significa ser mexicano.  Si la gente no entiende esto y no los considera héroes porque fueron derrotados y no lograron salvar la bandera ni mucho menos evitar que los gringos se pasearan con ella por el Zócalo después de haberlos asesinado me da mucha tristeza. La palabra “Héroe” tiene muchos matices, y en el caso de ellos se advierte en su heroísmo el sacrificio y la entrega, la donación de sus cuerpos heridos, de sus incipientes vidas a la Nación que todo les había dado, el agradecimiento eterno ensordecido por las metrallas, la caída dolorosa pero digna, la negación a un servilismo cobarde como el que México le rinde ahora a ese país del Norte que no cesa de utilizarnos, de humillarnos, de explotarnos como el más ruin de los amos. ¡Qué lástima que la gente que niega ese heroísmo no sea capaz de ver todo eso!Y fueron también niños porque ¿quién no lo es a los dieciséis años, a los quince, a los catorce, y más aún a los trece? Por supuesto que eran niños en más de un sentido y el hecho de que hubieran pertenecido al Colegio Militar no les hacía haber tenido ya vidas plenas y experimentadas. Tenían todavía mucho por hacer y por descubrir, la esperanza de una vida que el cruel invasor les arrebató sin piedad y sin razón alguna.¿Qué Juan Escutia no se arrojó a las faldas del cerro arropado por nuestra amada Bandera? Ahora todo mundo sabe que eso es un mito, pero es un mito hermoso. Un mito estoico e inspirador. Un mito que llama a la libertad, a la defensa del honor y de la justicia, de la soberanía y de la ley. Un mito que envuelve un inmenso amor a la Patria y al derecho de una vida digna como ciudadanos mexicanos. Un mito que aborrece y desprecia tanto al cruel invasor y a la demencial imposición de su reinado universal obtenido mediante el derramamiento de sangre y el uso de su fuerza bruta, como a la sumisión voluntaria, consciente, total, del pueblo mexicano al enemigo que en aquélla ocasión de una forma brutal y ahora de una forma sutil no busca sino el sometimiento, la esclavitud, la plena rendición de una nación dormida que le rinde culto a su coca cola, a sus fast food, a sus estúpidos programas televisivos, a sus ridículas modas, a sus michaels jackons, a sus deportes, a su música y a todo el resto de esa cultura de plástico que con tanta facilidad exportan. Si los Niños Héroes murieron por evitar eso, son más Héroes que nunca y si el gobierno trató de borrarlos de la Historia es porque siempre ha sabido que el pasado y el presente tarde o temprano convergen y se confrontan en algún punto del tiempo, de manera inevitable. Por eso para mí, el día de hoy no fue un día común, ni pasó desapercibido. No olvido ni olvidaré. No permitiré que los borren de la historia con la facilidad con la que los desparecieron de los libros y de los billetes, y si acaso lo único que puedo hacer es escribir al respecto, seguiré escribiendo, seguiré haciendo escuchar mi voz en el tiempo para que por lo menos alguien pueda ver las cosas desde otro punto de vista que no sea el del gobierno, que ahora ya está más que preparado para borrar de los libros el episodio más cruel de nuestra historia: el de la conquista.  ¿En qué clase de nación nos quieren convertir: en una sin identidad, sin cultura y sin pasado, de fácil manipulación para quien quiera venir a profanarnos? No cabe duda de que conocen nuestras debilidades y la principal es que somos nosotros quienes nos entregamos, quienes nos arrodillamos, quienes nos deslumbramos con facilidad ante el brillo del espejo aunque eso signifique el sacrificio de nuestra integridad y el fin de la vida libre que alguna vez tuvimos, hace muchos, muchos años, tantos, que ya no la recordamos siquiera, por eso nos sentimos más cómodos siendo esclavos, subordinados, simples apéndices de una bestia de apetito voraz que ni siquiera ha querido devorarnos por completo: nos corrompe y nos maltrata, nos ensucia y nos enferma, nos esclaviza y juega con nosotros, pero no nos destruye porque no le agrada la idea de perder al principal consumidor de la mayor parte de la basura que producen. Lo triste, una vez más, es que exista tanto mexicano que no se de cuenta de ello. Y peor aún, que existan los que se dan cuenta y no les importe. Pero a mí me importa. Me importa que hayan asesinado mexicanos y ese recuerdo esté quedando en el olvido. Que sigan matando mexicanos (en muchos sentidos: no solamente nos matan físicamente, también están terminando con muchas de nuestras tradiciones e imponiendo las suyas) y nadie haga nada al respecto porque ellos se sienten “la ley y el orden del circuito universal”. Me importa que el día de mañana no tengamos héroes propios, héroes de verdad, porque el desgraciado gobierno mexicano termine por borrarlos a todos de la historia y de la propia memoria colectiva. Me importa que esa memoria quede en blanco y lista para que nuestros héroes que hayan sido borrados sean sustituidos por los batmans, los supermanes y demás héroes de caricatura a quienes ellos quieren que rindamos culto, para seguir esclavizándonos.El mounstro no es invencible ni su tiranía será eterna. Existen muchas formas de vencerlo, pero los siervos no fueron educados para pensar, y mientras sigamos siéndolo, no idearemos nunca la forma de derrotarlos. Hoy, por ejemplo, pudo haber sido un gran día para evitar consumir cualquier producto gringo. Sólo un día, pero que lo hubiéramos hecho todos los millones de mexicanos, verían si no se afectaba su economía. Pero no, los mexicanos no nos unimos para hacer cosas inteligentes, ni para buscar nuestra libertad. ¿Alguien en alguna parte del país guardó un minuto de silencio en memoria de los Niños Héroes? (No me vengan a decir que el presidente en la ceremonia oficial de cada año porque después de haberlos borrado de los libros, lo que hace el gobierno es pura hipocresía). ¿Alguien, además de mí, elevó al cielo algún pensamiento en sus nombres? ¿Alguien pidió a Dios por el descanso de sus almas? No lo sé. Espero que sí. Pero sobre todo espero que en este caso sus muertes no sean inútiles y sigan siendo, más allá de todo intento de olvido, lúcidos ejemplos de lealtad, amor y devoción a una Patria que sin duda alguna los merece.

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UN DÍA HISTÓRICO: EN EL MIRADOR DE LA COLUMNA DE LA INDEPENDENCIA

Al momento de recibir mi identificación, la guía me aclaró: “Pero tendrá que esperar unos cuarenta y cinco minutos”. “¡Está bien!” – le contesté con emoción, y casi sin creer que realmente estaba a punto de subir. Hubiera deseado contestarle: “Si he esperado toda mi vida este momento, qué más da esperar otros cuarenta y cinco minutos… ¡Esperaría todo el tiempo que fuera necesario! Lo cierto es que hubiera sido una mentira, no lo había esperado toda mi vida, pero lo hubiera hecho, porque uno de esos sueños que parecían imposibles era subir a la Columna de la Independencia, ciertamente, era una idea que en algún momento pasó fugazmente por mi mente pero que finalmente quedó almacenada entre los sueños que nunca se cumplirían. Sinceramente, jamás pensé que fuera posible, nunca creí que se hiciera realidad.

De modo que en el intervalo de tiempo entre el momento en el que recibí mi gaffette y el momento en el que por fin empecé a subir (y que duró menos de cuarenta y cinco minutos) me dediqué a tomar fotos, a observar con detenimiento los detalles antes desapercibidos de la Columna y de todo el Monumento en sí, y por supuesto a escuchar mis pensamientos, que llenos de asombro e incredulidad me repetían: “¡Esto no es cierto!” “¡Debes estar soñando!” Sin dificultad alguna mis recuerdos me remitieron a esos momentos en los que te encuentras en alguna situación tan terrible en la que te dices lo mismo una y otra vez: “¡Esto no está pasando!” Agradecí tanto a Dios y a la vida porque esta vez SI estaba pasando. Algo que débilmente imaginé, una fantasía envejecida, abandonada en la parte más obscura del archivo de “Imposibles” o “Casi Imposibles” de cumplir, hecho realidad, hoy, veinticuatro de julio del año dos mil nueve. Por eso se convierte en un Día Histórico en mi vida, un día significativo, que no olvidaré jamás.

Subimos 174 escalones (eso me dijo la guía cuando le pregunté). El esfuerzo fue mayúsculo, debido a la exagerada estrechez de los escalones y de la escalera misma (de hecho las escaleras de caracol se caracterizan por ser estrechas y tener escalones pequeños). Ni mi pésima condición física me impidió llegar hasta el final, desfalleciente, pero satisfecha. Contemplar Paseo de la Reforma, tomar más y más fotos, contemplar al Ángel, por primera vez, de cerca. Vaya maravillosa oportunidad ésta de estar cerca de Él, lo más cerca que he podido hasta ahora.

La Columna de la Independencia tiene una historia por demás interesante. Fue construida de 1908 a 1910 por el arquitecto Antonio Rivas Mercado (papá de la famosa Antonieta). La inauguró Don Porfirio Díaz el 16 de septiembre de 1910 con motivo del centenario de la Revolución. En su parte frontal cuenta con un león guiado por un niño. El león –según nos contó el guía- representa al pueblo mexicano; el niño representa la Ley. Sin duda una hermosa Utopía, sobre todo en esta época. Sobre esas esculturas se encuentran las de Don Miguel Hidalgo como figura central, a su derecha se encuentra Don José María Morelos y Pavón y a su izquierda Don Vicente Guerrero, todos ellos custodiados por ángeles y otras figuras femeninas que representan a la Patria. Esta escultura es la base de la que parte la Columna, en la cual se encuentran grabados los nombres de estos insignes personajes, además de algunos otros que participaron en la guerra de Independencia: Allende, Aldama, Matamoros, Mina, Bravo. Lo que no acabo de entender es porqué está grabado en la Columna el nombre de Iturbide si sus restos no se encuentran ahí (de hecho están en la Catedral). Todos sabemos que ese señor fue un convenenciero que no estaba más que de un lado: del suyo. Se coronó emperador y ni con todas sus ínfulas se salvó de que lo fusilaran. En fin, aunque su nombre esté ahí yo creo que nadie pero nadie lo admira y lo importante es lo que realmente representa la Columna de la Independencia para todos los Mexicanos.

En la parte de atrás se encuentra un pebetero con una llama pequeña que funciona con gas, esto es porque debe haber una llama encendida para honrar la memoria de esos valientes y generosos mexicanos que vivieron y murieron por la libertad y la Independencia de este hermoso país (eso no nos los dijo el guía, es mi conclusión). Lo que si nos dijo (aunque ya lo sabía) es que en la parte de adentro se encuentran los restos de doce de estos personajes célebres, verdaderos Héroes y Patriotas, entre ellos. Me resulta bastante cuestionable que los restos de Don José María Morelos y Pavón se encuentren aquí porque he leído (en varias fuentes) que sus restos se perdieron, pero no era factible en ese momento ponerme a discutir el asunto con el guía sobre todo porque se supone que él está (o debería estar) mejor informado que yo. Se lo preguntaré a su tiempo a un Licenciado en Historia, pero hasta donde yo sé, Don José María Morelos y Pavón NO está enterrado ahí (ojalá de verdad lo estuviera, por supuesto que se lo merece).

A los costados de columna (en la parte baja) se encuentran cuatro esculturas (no realizadas por don Antonio Rivas Mercado, de hecho está inscrita en cada una la firma de su autor, pero lo he olvidado, me parece que decía “F. ALCETI”) que me llamaron mucho la atención y son de mi total agrado: La Paz, que sostiene en su mano derecha una rama de olivo (de la cual también le fue colocada una corona); La Guerra, que sostiene en su mano derecha una espada y en su mano izquierda un escudo; La Ley, que sostiene un pergamino en su mano izquierda y en la mano derecha algo que parece una espada pero muy delgada; y La Justicia, que sostiene un báculo. Algo que me pareció muy significativo es que la Paz, la Justicia y la Ley están sentadas en sillas, mientras que la Guerra está sentada sobre una base que podría ser una piedra misma o la base de un tronco de árbol.

En cuanto al llamado “Ángel de la Independencia” pues todos lo llamamos así, pero no es un ángel (esto también ya lo sabía: si fuera un ángel no tendría senos), es una “Victoria Alada”, hecha de bronce y bañada en oro. Ese baño de oro es el que la mantiene completamente reluciente y brillante a pesar de la lluvia, el polvo, la contaminación y demás agentes corrosivos y degradantes. Es por demás contar la historia de su impactante caída durante el famoso terremoto de mil novecientos cincuenta y ocho, ocasión en la que cayó de su pedestal, dañándose seriamente la cabeza (maltrecha pieza histórica que ha sido conservada y exhibida en diversos recintos de la ciudad). Lo curioso es que a pesar de el error semántico en el que hemos incurrido una y otra vez, la seguiremos llamando “el Ángel” (un momento, eso me suena a machismo) ya sea por ignorancia, por costumbre o por cariño. Oficialmente es “La Columna de la Independencia” o “El Monumento a la Independencia”. Finalmente lo que se honra con ella son a los Héroes de esa lucha y no a la Victoria Alada que la corona, ¿o no? y al que difícilmente alguien llamará “La Victoria Alada de la Independencia” (yo misma le he llamado de cariño “Angelito”, así nada más). Considero que lo importante es el significado que en conjunto confiere a todos los mexicanos como parte de la Historia de nuestro país, como símbolo de la ciudad más grande del mundo. La Victoria alada, hermosa, áurea, magnífica, imponente, protectora, inquebrantable. La Victoria Patria y Madre que un día histórico como hoy, me permitió estar cerca de ella y me prestó sus alas para volar a su lado.

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CON LOS BRAZOS ABIERTOS

A sólo unas cuantas horas de tí…Sé que me esperas con los brazos abiertos.
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